Sunday, February 18, 2007

La fragilidad

La monotonía, el continuo suceder de un día tras otro sin grandes cambios, induce a pensar que la vida es eso, una evolución lenta pero segura. Igual pensaban los geólogos, los evolucionistas, miles de años han de pasar para que se horade un cañón, para que el anfibio se convierta en pulmonado, para que la aleta se haga pata.

O mejor dicho: pensaban.

No deja de ser cierto lo de la evolución lenta pero segura de las placas continentales, pero en un momento dado, las tensiones acumuladas se resuelven en cortos e intensos periodos de cambios cataclísmicos. No hablemos ya de la llegada de un meteorito, de la sobreproducción de CO2 por expulsión volcánica, que se rompa el equilibrio metaestable que disueve ingentes cantidades de dicho gas en el yeso hidratado del fondo oceánico. Todos esos fenómenos se resuelven en matanzas intensas y concentradas, catástrofes, rotura de diques que mantienene aislados mares interiores, inviernos nucleares. Nada más alejado del cambio continuo y seguro.

Igual sucede con la evolución biológica: la especiación puede, al parecer, funcionar en cortos periódos de tiempo, bajo las adecuadas presiones y circunstancias, menores incluso a un siglo. Sino que se los digan a los peces del lago tanganika, en áfrica (si a estas alturas queda alguno, claro), lugar dónde la especiación y la competición por los recursos ha producido una profusión de especies brutal y rapidísima. Sirva como ejemplo, en dicho lago hay un pez especializado en arrancar y alimentarse de las escamas de otros peces. Bueno, en realidad hay dos especies que hacen eso, una de ellas perfectamente adaptada en la curvatura de su cuerpo en arrancar escamas del lado derecho de los peces, y otra similarmente adaptada a hacerlo del lado izquierdo.

Todo esto viene a cuento de variados sucesos que, cual avalancha cataclísmica, estan afectando a mi vida a la de quienes me rodean. Concentrado en un periodo de tiempo para nada geológico, se suceden los cambios, las bruscas evoluciones, los desastres y tambien los parabienes.

En el fondo camuflamos la verdad, cerramos los ojos para poder dormir por la noche, intentamos que el azar se quede fuera, inventamos farolas, estadísticas, procedimientos, cerraduras, medicinas, techos, sermones. Pero sabemos que todo es frágil, muy frágil. Una vena obturada, un traspiés burocrático, un pequeño vuelco de coeficientes macroeconómicos y tu vida cambia, es otra, a veces para mejor, a veces para peor.

Condenadados estamos a vivir tiempos interesantes, más que nada por que no existen los tiempos aburridos más que para los que se niegan a ver la realidad. No me extraña que el nirvana budista pase por aceptar todo tal cual llega, sin valorarlo, sin discutirlo, como se acepta que la tierra gira, que las estaciones se suceden, que respiramos aire, que hoy tienes, mañana no; que hoy lloras, mañana ríes; que hoy vives, que mañana (o pasado, con suerte), seguro, mueres.

4 comments:

Juan Antonio Fdez Madrigal said...

Talmente. Llamados sistemas en el borde del caos, por otra parte: vamos cambiando de situación apacible en situación apacible a base de situaciones caóticas impredecibles.

Suerte con las malas situaciones, y a aprovechar las buenas :-)

Eduardo Vaquerizo said...

En eso estamos, esquivando el caos, o sumergiéndose en él a placer, según venga la cosa.

miel said...

sumergiéndonos muchas veces en el mismo caos, dueño del propio placer

sofia mares said...

¿Y no es eso vivir? A ratos quieto, dejandote llevar por las circunstancias. Y en tus mejores dìas revelándote contra tu condición, contra tus posibibilidades, contra tus limitaciones, contra tu vida misma.
Dándote un respiro para sentir vértigo de vivir inténsamente y después, otra vez la calma; sólo la suficiente para mantenerte alerta y revelarte otra vez...