Saturday, February 24, 2007

Cazar al cruciforme


Siempre he querido cazar al cruciforme, me deleitaba en mi papel de justiciero con un fin claro. ¿Los medios? nunca me han importado. Mis cuchillos siempre han estado afilados, mis pistolas engrasadas, sé torturar con maestría; soy un maestro en todos los secretos del terror y el horror.

Como ejemplo uno de mis muchos trucos: aprendí a aparecer aprovechando la luz del amanecer o del atardecer, para parecer más grande, más oscuro, la piel y las ropas teñidas de reflejos sanguinolentos, de modo que con mi sola presencia tengo la mitad del trabajo hecho.

Nunca he tenido reparos en utilizar a la gente, en sonsacarles un nombre, un recuerdo, una imagen, en regalarles una ráfaga de plomo o una cuchillada en el vientre cuando he terminado con ellos. He de confesar que he disfrutado de una alegría sencilla e infantil en esos momentos de mutilación y horror ajeno, mucho más cuando no terminaba con mis informadores, con aquellos que estaban tejiendo la senda que me llevaba a mi presa, y los dejaba alejarse de mi, arrastrándose con menos miembros de los que tenían antes de que les dedicase mis atenciones, dueños de una felicidad última que, ingratos, no percibían.

A pesar de eso, el cruciforme siempre iba por delante, seguía un rastro costroso y viejo, de vísceras agusanadas y sangre enfangada. Empecé a escuchar leyendas que decían que el cruciforme era una criatura oscura, vestida de harapos; que escondía filos en su mirada, en su sonrisa, en cada uno de su gestos; qué solía aparecer en los amaneceres o atardeceres y que, a veces, dejaba vivas a sus víctimas para que sufrieran su horror mucho más tiempo. Muchos me temían casi tanto como al cruciforme, el trabajo se hizo arduo, complejo, tuve que añadir las artes del disfraz a mi repertorio.

Hoy me he mirado en el espejo, he abierto los brazos y he mirado largo rato. Luego he sonreido, creo que ya sé dónde se esconde el cruciforme. Quizá este noche baje a buscarlo al sótano: he encendido los focos, tengo preparados mis cuchillos afilados, limpios; mis queridos artefactos dañinos bruñidos, extendidos sobre trapos blanquisimos, al lado de la mesa dónde trabajaré para buscarlo y extraerlo, para llevar a esa criatura esquiva a la luz y que pague por sus muchos crímenes.

Finalizado mi trabajo, creo que podré morir con la satisfacción del deber cumplido.

(Dedicado a Santi Eximeno. Gracias por prestarme al cruciforme unos párrafos)

Thursday, February 22, 2007

Un hallazgo triste

Saturado de una angustia roja e intensa, apenas fue consciente de ahogarse, tan solo boqueaba intentando alcanzar el aire que dejaba atrás, en la superficie del agua.

Solo entonces descubrió el secreto de la felicidad: se abrió delante mismo de su mente hipóxica como una flor de diamante, sólida y completa, atemporal.

En el archivo definitivo, almacenado en los remotos confines del tiempo, figura que durante los dos segundos que tardaron sus pulmones en vaciarse de aire, y los treinta en que la sangre envenenada de monóxido de carbono intoxicó irremediablemente su cerebro, fue el ser más feliz de toda la historia del universo.

Su secreto se fue con él al fondo del mar.

Sunday, February 18, 2007

La fragilidad

La monotonía, el continuo suceder de un día tras otro sin grandes cambios, induce a pensar que la vida es eso, una evolución lenta pero segura. Igual pensaban los geólogos, los evolucionistas, miles de años han de pasar para que se horade un cañón, para que el anfibio se convierta en pulmonado, para que la aleta se haga pata.

O mejor dicho: pensaban.

No deja de ser cierto lo de la evolución lenta pero segura de las placas continentales, pero en un momento dado, las tensiones acumuladas se resuelven en cortos e intensos periodos de cambios cataclísmicos. No hablemos ya de la llegada de un meteorito, de la sobreproducción de CO2 por expulsión volcánica, que se rompa el equilibrio metaestable que disueve ingentes cantidades de dicho gas en el yeso hidratado del fondo oceánico. Todos esos fenómenos se resuelven en matanzas intensas y concentradas, catástrofes, rotura de diques que mantienene aislados mares interiores, inviernos nucleares. Nada más alejado del cambio continuo y seguro.

Igual sucede con la evolución biológica: la especiación puede, al parecer, funcionar en cortos periódos de tiempo, bajo las adecuadas presiones y circunstancias, menores incluso a un siglo. Sino que se los digan a los peces del lago tanganika, en áfrica (si a estas alturas queda alguno, claro), lugar dónde la especiación y la competición por los recursos ha producido una profusión de especies brutal y rapidísima. Sirva como ejemplo, en dicho lago hay un pez especializado en arrancar y alimentarse de las escamas de otros peces. Bueno, en realidad hay dos especies que hacen eso, una de ellas perfectamente adaptada en la curvatura de su cuerpo en arrancar escamas del lado derecho de los peces, y otra similarmente adaptada a hacerlo del lado izquierdo.

Todo esto viene a cuento de variados sucesos que, cual avalancha cataclísmica, estan afectando a mi vida a la de quienes me rodean. Concentrado en un periodo de tiempo para nada geológico, se suceden los cambios, las bruscas evoluciones, los desastres y tambien los parabienes.

En el fondo camuflamos la verdad, cerramos los ojos para poder dormir por la noche, intentamos que el azar se quede fuera, inventamos farolas, estadísticas, procedimientos, cerraduras, medicinas, techos, sermones. Pero sabemos que todo es frágil, muy frágil. Una vena obturada, un traspiés burocrático, un pequeño vuelco de coeficientes macroeconómicos y tu vida cambia, es otra, a veces para mejor, a veces para peor.

Condenadados estamos a vivir tiempos interesantes, más que nada por que no existen los tiempos aburridos más que para los que se niegan a ver la realidad. No me extraña que el nirvana budista pase por aceptar todo tal cual llega, sin valorarlo, sin discutirlo, como se acepta que la tierra gira, que las estaciones se suceden, que respiramos aire, que hoy tienes, mañana no; que hoy lloras, mañana ríes; que hoy vives, que mañana (o pasado, con suerte), seguro, mueres.

Sunday, December 31, 2006

Milenio negro



Me confieso fan total de Ballard. Ningún otro autor ha sabido identificar psicológicamente la esencia de un siglo, el veinte, acelerado, terrible, sublime. Lo cita en su autobiografía, el imperio del sol: la bomba atómica de Hirosima, cuyo resplandor él mismo vió, o creyó recordar haber visto desde el campo de prisioneros de Shangai, anticipaba y era el climáx del siglo, el momento álgido que decide y resume una centuria de enfrentamiento con el horror del absurdo. El ser humano ha llegado al borde del abismo, ha alcanzado los límites de su propio desarrollo como especie y casi ha agotado los recursos del propio planeta.

¿Cuando termina el siglo XX? yo creo que aún no lo ha hecho. Sí, las fechas dicen otra cosa, pero, al igual que el decinueve murió en el palacio de invierno cuando ya el calendario se había agota, el XX aún colea, moribundo, entre nosotros. Y eso me ha parecido ese magnífico libro de Ballard, Milenio negro, la crónica de una agonía y la narración de un nacimiento aún por venir.

La lectura deberá reposarme en la cabeza un tanto para poder abordar la valoración técnica, un estudio ponderado, definir las aristas nebulosas de lo que he leido. Ahora me apetece tan solo recrearme un poco en el paisaje psicológico del libro: la vista recursiva de un cadáver hecho con retazos de metal, de periodicos viejos, de calles con nombres concretos, de sonrisas, gafas de pasta, calaveras, puros, kalashnikovs, bigotes, que se extiende, enorme, sobre la conciencia del mundo.

Ballard canta a la última revolución del siglo XX, y fabula con la primera del XXI una revolución distinta, no ya la de los proletarios, del Potemkin y su carne agusanada, sino el fin del estado del bienestar, la revolución contra un orden establecido que no es la dictatura brutal y directa, sino el oligopolio, el capitalismo, el darwinismo social y la aristocracia industrial, mediática, política.

Y no solo eso, fracasada la razón, regresamos a la oscuridad del acto irracional como el último suicidio posible. El neocortex, librado a un callejón evolutivo sin salida, se enfrenta a problemas que no puede resolver y se electrocuta a si mismo.

Como en todas las obras de Ballard, hay más, está dentro, sumergido en una sopa de significados sub y supraconscientes, aliñando la riqueza literaria del que se resiste a decaer y dejar de ser una de las grandes figuras de la ciencia ficción de todos los tiempos.

Saturday, December 16, 2006

Regalos peligrosos


A través del Blog de Fran Ontanaya, llegué a una página donde comentaban los diez juguetes más peligrosos de la historia (de Estados Unidos, aunque ellos no hacen esa distinción, ya que para ellos los USA son el mundo, más allá no hay nada) . El primero tiene tela, dardos arrojadizos de punta afilada. 6700 heridos, cuatro muertos a lo largo de cuatro años de estar a la venta. Una pasada, pero nada que se salga de lo común. Al llegar al segundo de la lista pensé que estaba leyendo una broma internetera. Poco a poco me fue invadiendo el convencimiento de que aquel juguete era real. Se me erizaban los pelos del cogote (los de la cabeza no, porque tengo ya pocos) . Se trata, nada menos y nada más, que de un laboratorio atómico de juguete. Incluye un contador geiger, una minicámara de niebla, un espintariscopio, un electroscopio y cuatro muestras de U238, que no es el U235 de las primeras armas nucleares y las centrales de energía atómica, pero que se ha demostrado que puede producir "leves" enfermedades tales como la leucemia. Fue vendido durante 1951, en lo más álgido de la época "radioactiva" de la cultura estadounidense.
No hacen falta muchos comentarios. Dicho "juguete" mortal, me recuerda una cosa que vi en un reportaje sobre la radioactividad: El comprobador de ajuste de zapatos, un dispositivo que usaba un tubo de rayos X y un sistema de fluoroscopía para ver el interior de los zapatos (y de la piel, hasta los huesos) y comprobar cómo ajustaban los pies a su funda de cuero.
Se puede pensar, tranquilizadoramente, que son burradas del pasado, qué bien que ahora ya sepamos lo que es la radiación y sus perniciosos efectos. Yo prefiero verlo de otro modo, dado que el ser humano ha cambiado muy poco (o nada) desde las cavernas, me inquieta pensar en qué dispositivos perniciosos, qué burradas perjudiciales estaremos haciendo y que en unos cuantos lustros servirán para que nuestros descendientes se lleven las manos a la cabeza (si quedan descendientes y si estos siguen teniendo cabezas y brazos, claro).

Monday, November 27, 2006

La publicidad lo es todo


No por llevar ya unos añitos con nosotros, dejan de fastidiarme. Son las pantallas del metro de Madrid, teles gigantes para los que esperan en el andén. Al principio eran mudas, si querías mirarlas, las mirabas, y, si no, a embeberte en tu libro, o en lo que quisieras. Pero, a algún iluminado se le ocurrió pensar que si podías escaparte de ellas, y seguir con tu libro o revista, ibas a dejar pasar la estupenda oportunidad de ver un anuncio más. Claro, eso es intolerable, hay que ver muchos anuncios, todos, para que la economía siga viva, y nosotros, los ciudadanos, cada vez más muertos. Así que les añadieron sonido, así no hay opción. Si quieres huir de los atascos en superficie, usar un transporte público, ecológico y lógico, barato y eficaz (quitando la epidemia de cortes y obras que vivimos), puedes, pero tienes que pagar el precio de escuchar, por cojones, las puñetaras, insidiosas y odiosas musiquitas de los anuncios. Supongo que para la mayoría de la gente no es mucho problema, viven con la tele encendida, hora tras hora, viendo programas escondidos entre largas ristras de anuncios machacones, alienantes, manipuladores. Yo no tengo tele, no estoy vacunado, me dan grima, alergia, me producen una hinchazón incontenible del órgano de la indignación.
¿Cuál es el objetivo? ¿Fastidiarle la vida a los usuarios del metro? Supongo que no. ¿Ganar dinero con la publicidad y, con esas ganacias, mejorar el servicio?, quizá es eso. ¡Ah, vale!, o sea que en vez de pagar mis impuestos y que estos se aprovechen para fomentar el transporte público, ahora la recaudación se va a hacer vía las empresas: yo compro sus productos y parte de las ganancias se emplean en crear y contratar publicidad, que luego sirve para pagar el transporte público. ¿Que no es eso?, entonces ¿para qué sirven las pantallas intrusivas? Se me pueden ocurrir muchos y muy malsanos -si se oyen consignas, no se piensa; si no se puede leer, mejor; si alguno se escapa del sistema, le cogemos en el metro, de donde no puede huir- pero no quiero volverme realista, digo... paranoico.
Me parece a mí que algo huele a podrido en Metromadrid, y no me refiero a los olores a alcantarilla que, de vez en cuando, nos hacen fruncir la nariz.

Tuesday, November 07, 2006

Ignotus 2006


De Dos Hermanas me he traído un monolito. Sé que no es de materia degenerada, ni podré encender una estrella con él, ni tampoco me servirá para un ácido viaje multicolor en el que me encontraré con el futuro de la raza humana; es aún más valioso: Los aficionados a la Fantasía y a la Ciencia Ficción que acudieron a la Hispacon de Dos Hermanas y los miembros de la AEFCFT que votaron a distancia, decidieron conceder a Danza de Tinieblas el enorme honor de ser nombrada como mejor novela.
Los premios son símbolos, y como tal interpreto éste. Ya intenté decirlo en la cena de la convención, aunque no sé si lo supe expresar bien: el mayor premio es saber que todos esos aficionados que me han votado, han disfrutado de mi libro.

El arte es, en esencia, comunicación. Saber que algo que se ha creado con esfuerzo e intención, ha logrado llegar a sus destinatarios, es uno de los mayores goces que tiene trabajar en esta empresa a dos bandas, lectores y escritores, que es la literatura.

Gracias.

Gracias también, una vez más, a aquellos que me ayudaron a que la obra llegase a los lectores: a Paco por publicarla, a Nati por ayudarme a corregirla, a Luis, Alejandro y Julián por criticarla lo suficiente como para destacar sus fallos y no tanto como para deprimirme.

DHcon 2006


Hace quince días que no actualizo el blog. En mi descargo, he de decir que mi vida estos días ha sido complicada. Luego comentaré en otra entrada esta etapa y las causas de las prisas, ahora solo quiero hablar del colofón con el que ha terminado el mes, la Hispacon de Dos Hermanas.

Tras un par de años de vacaciones hispaconeras, Vigo y Cádiz creo que fueron, (por muchos motivos estaba un poco necesitado de descanso), había decidido acercarme a Córdoba a reencontrarme con los amigos que había dejado de ver, y por conocer a los nuevos integrantes de esta gran familia de aficionados a la cf y fantasía, entre la que felizmente me incluyo. A medio camino, a última hora, el proyecto Córdoba cayó estrepitosamente. No ha sido la primera vez ni la última que sucede algo así, pero, y ahora viene lo bueno, igual que en Xatafi se consiguió remontar brillantemente similares circunstancias, con aún mayor premura, se ha vuelto a lograr un buen resultado.

Dicen que los españoles somos maestros en las reacciones rápidas, los exitosos apaños de última hora y flojeamos en la planificación a largo plazo, en hacer las cosas con tiempo, vamos. Será que es verdad, porque esta Hispacon de urgencia nos ha regalado tres días intensos, en que las dos centenas de aficionados que suelen juntarse en estas cosas, nos hemos reunido, hemos charlado, reído, y disfrutado de nuestra mutua compañía atendiendo o asistiendo a las conferencias y mesas redondas. Y todo en un clima de afabilidad como hacía tiempo que no veía.

Por tanto, como de bien nacidos es ser agradecidos, solo puedo dar gracias a los que tienen el mérito:

Gracias a los organizadores por dejarse la piel, conozco los esfuerzos que demanda una Hispacon y es muy duro. Gracias también a la gente de las bibliotecas de DH, por ceder tan adecuados locales y ser estupendos anfitriones. Gracias a la junta de la AEFCFT, que también arrimaron el hombro, a los que han puesto stands, a los que participaron en conferencias y mesas redondas y a todos aquellos que han colaborado para que todo haya salido tan bien.

Ha sido un verdadero placer.

Sunday, October 15, 2006

Otra vez


Otra vez. Sí, la verdad es que es algo recurrente en mi relación con el cine hecho en España: otra vez no, otra vez más tenían todas las bazas en la mano, han apostado fuerte y lo han hecho mal en la parte aparentemente más fácil.

Sí, ayer fui a ver Alatriste, la gran superproducción, y salí del cine con un regusto amargo, algo cabreado y un poco triste. ¿Por qué? Voy a intentar explicarlo analizando las tres patas sobre las que se sustenta una película:

Dirección: correcta, aunque sin alardes. El montaje tampoco está demasiado mal. Hubiera sido de gusto algo más de personalidad a la hora de rodar, pero casi prefiero la contención eficaz que los experimentos que no funcionan con una película de tanta dificultad técnica (y tanta pasta, 24 millones de euros).

Actores: para llorar. Acabo antes enumerando las actuaciones memorables que las que se cargan la película. Quevedo (Echanove), El condeduque de Olivares (Javier Cámara), Bocanegra (Blanca Portillo) y los amigos de Alatriste. Todos creíbles, eficaces, algunos (como el Condeduque y Quevedo) magníficos.

Dejo para el final al propio Viggo, con una presencia en pantalla abrumadora, se mete en el papel y lo llena e incluso lo desborda con cosas de su propia cosecha. Si hubieran trabajado más el acento, ya hubiera sido de sobresaliente cum laude.

Esas magníficas actuaciones quedan desmerecidas con las de Noriega (que parece que está de charla con sus colegas), Ariadna Gil (que solo sonríe y poco más), y Unax Ugalde (que no da la talla aunque lo intenta). Entre los tres se cargan media película.

Mención aparte merece ese desperdicio de usar a Pilar López de Ayala, que se come la pantalla con una presencia y un saber hacer encomiable, relegada a un papel estúpido. Es casi como de risa.

El casting de los secundarios me parece notable, sobre todo ese Felipe IV pasmarote como recién sacado de un cuadro. Muy bueno.

Guión: y vamos con la guinda del pastel. No caben. Todas las novelas y sus hechos, no caben en una sola película. No entiendo muy bien la decisión de no aprovechar el tirón e intentar hacer algo más. ¿Que eso implica no poder contar con Viggo? Bueno, no es imprescindible como protagonista. Y si solo se pretendía hacer una, ese guión habría que haberlo limpiado mucho, haberlo despojado de escenas superfluas, dejar solo las imprescindibles para que la acción fluya adecuadamente. Más que un río, la acción es un delta lleno de ramificaciones y revueltas que no añaden nada más que confusión.

La película, mucho me temo, no es ninguna maravilla. Ahora bien, es cierto que tiene logros. Aunque las tres patas principales cojeen, hay virtudes, como una fotografía preciosista, pictórica, buenos decorados y buenas puestas en escena (igualito que Juana la Loca, qué horror), adecuada coreografía de batallas y duelos (sin abusar tampoco. Lo de Roicroi da un poco de pena de escaso que se ve. Unos cuantos "copio y pego" digital harían falta ahí).

Los textos ayudan a que la película no sea un completo fracaso, la parte heredada de Reverte, ese Siglo de Oro abundante de miseria y abuso, esos personajes que encajan como un guante en la época, casi buenos y casi malvados, con tenebrismos en el alma.

Y lo que más me gusta, la escena final. Al verla me acordé de una visita al castillo de Edimburgo, que hice hace muchos (algunos) años. Teníamos puestos esos cascos que te van contando cosas cuando pulsas un número en el teclado. En determinado momento, en la puerta creo recordar, el locutor nos narró el asedio por las tropas inglesas del castillo, la heroica resistencia de una guarnición escocesa y cómo, al final, sin posibilidad de aguantar más, se habían rendido honorablemente y se les había permitido conservar la vida. Un buen amigo y yo nos miramos, extrañados, ambos súbitamente conscientes de venir de un país donde el asedio más famoso es Numancia.

Los que han visto la película sabrán de qué hablo.

Heroes



Una nota breve: imaginaos un cruce entre "El protegido" y Watchmen convertido en serie de TV, y tendreis algo como Heroes: planos hiperrealistas, personajes sólidos, superhéroes que viven, andan, caminan y evolucionan. Acabo de ver el tercer episodio y a lo mejor exagero un poco movido por el entusiasmo, pero la cosa promete. No espereis capas de colores ni ropa interior por fuera de la ropa, actitudes chuscas, ni al típico adolescente reprimido que les da una tunda a los abusones. Los protagonistas, son seres humanos con superpoderes, los problemas que eso les lleva, a añadir a los propios de sus vidas, y una enorme trama detrás para unirlos a todos.

En la línea de X-men, pero aún mejor.

En fin, que si podeis, no os la perdais.

Tuesday, October 03, 2006

Eureka


Eureka es un pueblo USA estándar, al menos en apariencia. Ya saben, aquello de la pequeña comunidad con sus habitantes característicos, el sheriff, el del garaje, el del bar, la ayudante del sheriff psicópata de las armas, la delegada del departamento de defensa, la megacompañía de investigación que tiene su sede al lado del pueblo, la puta con licenciatura en psicología y los habitantes, todos superinteligentes científicos que han sido puesto juntos en el mismo pueblo porque debe ser que el resto de los USA no soportan vivir cerca de ellos, los marginan y apalean por las calles (esto último es cosecha mía).

Eureka, es, aparte del nombre del pueblo, una serie de Televisión emitida en el Sci-Fi channel de allá (con lo cual no tardará en llegar al de acá) de la que me acabo de terminar la primera temporada vía emule.

No hay mucho que decir de ella, salvo que te deja un regusto amargo. Al interesante planteamiento y al buen hacer del protagonista (me cae simpático el sheriff Carter, no puedo evitarlo).
Lo estropean unos guiones que pecan de simplistas, repetitivos y facilones. Con la de cosas interesantes que se podían haber hecho con la serie. En potencia hay mucha ciencia ficción divertida en la que basarse.

Incluso los personajes no están mal, planos pero también divertidos, con posibilidades de evolucionar, incluso dentro del marco de una serie amable como pretende ser Eureka, pero se quedan en el intento y terminan convirtiéndose rápidamente en estereotipos sin alma.

Lo curioso de todo esto es que esta serie hubiera sido un hit hace unos años. Cumple con creces la expectativa televisiva de hace, digamos, un lustro. Pero, amigos, ahora el nivel está muy, muy alto. Tenemos Galáctica, Los Soprano, CSI, y un largo etcétera.

Cómo cambian las cosas, y luego dicen que no pasa el tiempo...

Wednesday, September 20, 2006

Felicidad


Dicen algunos psiconeurólogos que uno percibe la felicidad siempre a posteriori, como un período de tiempo en el que las capacidades del cerebro (y ahí entran todas, sociales, creativas, físicas) han estado siendo ocupadas en un alto porcentaje. Vamos, que somos felices cuando no nos ha dolido nada y hemos estado entretenidos.

Escribo esto porque este septiembre parece que se me acumula la felicidad. En el trabajo hay un repunte estacional de la carga de marrones por metro cúbico, lo cual lleva a tener todo el tiempo oficinesco ocupado en darle a la tecla o a la cabeza, o las dos cosas a la vez.

En casa también soy muy feliz. Estoy corrigiendo una nueva novela, que no por ser cortita me está dando menos trabajo. Es una tarea muy absorbente. Ahora mismo mi realidad se divide a medias en el mundo éste que conocemos todos (aquí en Madrid, polvoriento y lleno de grúas a más no poder) y otro, el de la ficción, que, aunque yo no piense conscientemente en él, me acompaña allá por donde voy. Los personajes y los escenarios dan vueltas y se persiguen unos a otros y a veces, en el metro o hablando con alguien, se se solapan al mundo real y me dejan un poco perplejo.

Supongo que cuando pase algo de tiempo me acordaré de este mes y diré qué bien me lo pasé, qué feliz que fui. De momento me voy a dormir todos los días con un feliz dolor de cabeza de tantas horas en el ordenador, claro que también puede que sea congestión alérgica.

En fin, dejaré de quejarme y me pondré otra vez a la tecla, a ser feliz otro ratito.

Thursday, September 07, 2006

Personajes: HOUSE


House es el apellido de un médico anarquista que deambula cojeando por los capítulos de la serie a la que da nombre. A mucha gente que me había hablado bien de ella, no les había hecho mucho caso porque los culebrones médicos, tipo Urgencias, nunca me había llamado la atención. Craso error, voy por el episodio 20 de la segunda temporada y la verdad es que engancha, y mucho.

La receta para convertir la práctica de la medicina en algo tan interesante (quitando aficionados al sado y al gore de agujas y trepanaciones) es el propio personaje House, un amoral, individualista hasta la médula, borde, políticamente incorrecto, genio en la medicina del diagnóstico, completamente incapaz de interaccionar normalmente con otros seres humanos. ¿A quién recuerda ese arquetipo? Sí, una vez más a Sherlock Holmes y a su inhumana capacidad de deducción. En el mismo paquete de la deducción cuasidivina, también va el del desprecio a las normas y a las relaciones interpersonales, ya sean amorosas o de otro tipo.

Camuflado más o menos, en la serie asistimos al éxito de un Holmes médico rodeado de un equipo de watsons adláteres, compañeros de hospital de los que abusar, pacientes que diagnosticar, y de enemigos materializados en forma de evasivas enfermedades y la rémora de un sistema de salud que no está al servicio del propio House y sus demoledoras intuiciones, sino al de ganar dinero a espuertas (aunque tampoco se insiste mucho en ello).

Si bien no es así del todo, House hace trampas -y ahí otro de los valores de la serie-, desprecia casi todo, pero en el fondo aprecia a sus pupilos y a su único y sufrido amigo, Willson, oncólogo de profesión, santo de vocación. House es un ser herido que ha reaccionado con una gruesa concha de ironía salvaje, ataca antes que otros lo hagan, desprecia antes de que lo desprecien, o, algo peor, lo compadezcan por su cojera. La serie insiste un poco en la línea de la película aquella de Holmes y Freud (Elemental, doctor Freud). Podrían haberse cargado el arquetipo, pero los guiones son lo suficientemente buenos como para bordear con éxito los abtrusos territorios del sentimentalismo y salir con éxito.

La serie ha seguido en muchos puntos la forma de hacer televisión que inició CSI. Comparten, incluso, a Holmes como arquetipo del personaje principal (Grissom tambien es un Holmes asocial y fascinantemente listo), y la infografía gore de arterias reventando y bacterias mordiendo músculos y tejidos. Es una muestra más de este tardío reverdecer, un canto de sirena a la muerte de la televisión tal y como la conocemos, que, por lo menos en España, terminará siendo tan solo anuncios, marujas gritonas y cinco minutos de telediario promocionado. Recupera el buen sabor de los seriales, una narración en imágenes que está mucho más a medio camino de la literatura que el propio cine: una serie puede desarrollar personajes, situaciones, argumentos en arco de un modo tan efectivo, con tanto tiempo para contar cosas, como tiene la propia literatura en la extensión de las 300 páginas de una novela.

Pensándolo un poco, intentando extraer la esencia que hace a la serie tan interesante, he llegado a la conclusión de que lo atractivo de esos personajes tan extremos como House, Grissom o cualquiera de los muchos trasuntos de Holmes que hay por ahí deambulando con mayor o menor éxito, es la libertad. Sí, así como suena, son seres libres, no costreñidos por las normas sociales, por la buena educación, por la corrección política. Ni siquiera se someten a la dictadura del amor -romántico, conyugal, filial-, son libérrimos y obsesivos seguidores de su propia inteligencia y de la interpretación del mundo que esta les brinda. De ahí su poder: no hay vendas que les nieguen la realidad.

Por supuesto el transgresor tiene que pagar un precio -la libertad nunca fue gratis, terminan siendo víctimas de la soledad, odiosos freaks a los que se recurre solo porque son efectivos en grado sumo- pero es agradable ver cómo la jaula social tiene puerta y esta puede ser abierta.

Wednesday, August 23, 2006

Pirados del caribe 2


Sí, Pirados del Caribe, se podría haber titulado así, por desgracia, la película "Piratas del Caribe 2: el cofre del hombre muerto". Es el gran éxito del verano, la película que más recauda. ¿Por qué? La respuesta es fácil: la primera parte estaba muy bien, se había creado una aventura de piratas con estupendos personajes, paisajes y fotografía de lujo, efectos especiales maravillosos y una historia entretenida y bien llevada a la pantalla, sin alardes, pero correctamente dirigida. Eso sin mencionar la genial creación -porque me da la impresión de que es mérito suyo casi en exclusiva- de ese alucinado capitán Jack Sparrow por parte de Johnny Deep (mejor en inglés, el acento es buenísimo), siempre tambaleante, cobarde, aprovechado, cínico y divertidísimo. La gente ha vuelto al cine a disfrutar de lo mismo, craso error.

Las bondades de la primera se agotan, se dilapidan sin ton ni son en esta segunda parte. Los personajes vagan por escenarios paradisíacos durante más de dos horas buscando un guión, una historia, algo a lo que aferrarse. La desesperación aumenta con el metraje, las cosas se descabalan, los nuevos malos son ridículos o copias de los antiguos, los buenos han perdido las bondades que exhibían en la primera parte, tan solo destacan algunos diálogos cómicos, alguna pincelada de interpretación. Se nota que la historia y los personajes no son sino una excusa para pasar lo más rápido posible de una escena espectacular de peleas o persecuciones a otra. Se acumulan los despropósitos y la historia se va al garete, se hunde, se convierte en un pecio olvidado y solo nos queda asistir a un extraordinario despliegue de escenas de acción que, sin el soporte de un argumento, están bien, muy bien incluso, pero pierden mucho interés.

En eso sí destaca la película, en la producción, en las peleas, en los efectos especiales, que son no solo magníficos, sino extraordinarios; el diseño artístico reluce con una intensidad digna de mejor propósito. Los barcos, las peleas a cañonazos, los trajes, el maquillaje, todo es vivído, casi palpable. Y lo mejor, el barco, la tripulación y el propio Davy Jones, un mito marino de un demonio que recluta su tripulación entre los ahogados y navegan con su barco cubierto de conchas marinas por encima y por debajo del mar. Los propios tripulantes, tras pasar eterninades bajo el agua van transformándose: las caras se vuelven corales, cabezas de tiburón; los cuerpos se cubren de las excrecencias calizas creadas por los gusanos marinos, les anidan estrellas de mar, pulpos, y hasta mejillones y percebes. Y ese maquillaje no es el látex solidificado e incapaz de reflejar emociones sino alguna virguería informática que permite interpretar una gama completa de gestos. Increíble.

Menos mal que siempre hay forma de disfrutar de las cosas, será aquello de mirar la botella medio llena, porque la película, como tal, defrauda y mucho. Mejor ni hablar del final, descabalado, ilógico, torpe y que encima amenaza con una tercera parte. Por mí, me pueden ir esperando..., aunque, lo mismo la veo tan solo por deleitarme con una nueva entrega de esos efectos especiales; no para ver una película, sino para asistir a una exhibibión de proezas técnicas y habilidades artísticas. Ahora que lo pienso, quizá el cine, o una gran parte de él, se está quedando solo para eso.

Daría pena, la verdad.

Tuesday, August 22, 2006

Entendimientos



No quería dejar de pasar más tiempo sin comentar una cosilla mínima, pero que en su momento me puso al borde de un cabreo sonado. Tan solo al borde, porque estaba de vacaciones -estado que no ha durado mucho, snif- y no era cuestión de acumular adrenalina, sino de todo lo contrario.

Y laboral es el comentario: a finales de julio las noticias se llenaban de diatribas contra los malvados trabajadores de handling de Iberia en el aeropuerto del Prat. El handling, en los aeropuertos, se ocupa de la penosa tarea de cargar y descargar los aviones de maletas, esos objetos tan propensos a perderse en el follón del tráfico aéreo del siglo XXI. Dichos trabajadores decidieron no aceptar las condiciones de huelga de servicios mínimos que se dictaban para el caso (el 90%) y declarar una huelga salvaje, cabrona, de resistencia, una protesta sin todas las de la ley, pero más eficaz, por una vez, que lo que suele suceder en estos casos.

No voy a discutir que la ocupación de las pistas fuera o no un delito. Lo era, es evidente. Pero, cuando llegamos a los resbaladizos terrenos donde moran los abogados, las cosas no son tan sencillas como parecen.

Por ejemplo, ¿cómo llamarían ustedes a estas medidas, legales o ilegales?:

-La última huelga "legal" de handling los servicios mínimos a que obligó la administración eran de un 90% de un día normal.

-Los trabajadores tenían ante sí el pase inmediato a microempresas fragmentadas con una garantía de dos años o el despido con 21 días de indemnización por año trabajado.

-Los trabajadores tuvieron conocimiento de este inquietante futuro de precariedad o paro justo en tiempo de vacaciones cuando más débil puede ser una respuesta ya de por sí débil al recordar precedentes de 'servicios mínimos' tan prepotentemente abusivos.

Observaciones recogidas todas ellas aquí .

Quizá no sean ilegales, pero, a mi modo de ver, entran dentro de esa categoría de actos que si bien son legales en la letra, ya no tanto en el espíritu.

Si nos fijamos en las cosas que pasan con el handling, solo estamos contemplando otro aplastamiento más de unas condiciones laborales ganadas con esfuerzo y luchas sindicales años atrás, usando el neoliberal buldozer de las privatizaciones, subcontratación, manipulación de la información y connivencia en el proceso con los poderes públicos.

Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, parece que, como siempre en estos casos, recomendaron moderación. Bien, hicieron su papel una vez más, pero no funcionó, esta vez no, y espero que sea un síntoma de que algo está cambiando.

Quizá por eso quien se hizo adalid de la reconvección moral de los malvados trabajadores, no borreguiles por una vez, fue, nada más y nada menos que el presidente del socialista gobierno de España, el señor Zapatero :

(Zapatero) Dijo no entender esa manera de actuar de los trabajadores, invadiendo las pistas, un hecho "excepcional" pero inaceptable, cuando existe el derecho de huelga plenamente reglamentado.

"Vivimos en un país democrático donde cualquier reivindicación tiene unos cauces, que pueden llegar al ejercicio del derecho de huelga, a través de las fórmulas que están establecidas legalmente", subrayó Rodríguez Zapatero.

Lo creía mucho más inteligente, o mejor informado. No es difícil entender que alguien a quien, usando la ley sobre huelgas, le han tomado el pelo, la siguiente vez que surge una
convocatoria parecida no se fíe de ella. Eso se aprende cuando eres niño y te quemas por primera vez. Se llama experiencia.

Pero la cosa no es ya solo eso. Todo tiene un límite. Dice un viejo aforismo que nunca, nunca, pongas a alguien contra la espada y la pared, porque una vez que no tenga nada que perder se puede volver muy peligroso. Por eso en los países donde mejor han sabido hacerse ricos los ricos (léase los USA) parece que cada vez les es más difícil vivir tranquilos. Hay rencor, y no me extraña. Ni toda la policía, ni todas la medidas legales, ni toda la manipulación informativa del mundo pueden impedir que un moribundo decida no morir solo, ni que un futuro esclavo de las subcontrataciones quiera no joderse altruistamente y en solitario.

Yo eso sí lo entiendo y muy bien.

Thursday, August 03, 2006

Los oasis cierran por vacaciones

Madrid en agosto parece que se diluye en sí mismo; su masa de cemento, tierra, ladrillo y acero parece reconcentrarse, desaparece esa clase de vida mineral que tienen las ciudades y se seca la savia metálica que circula por las venas ocultas de la ciudad.

Madrid en agosto olvida a sus ciudadanos, olvida el presente herido de zanjas, tuneladoras y martillos neumáticos, y cierra ojos hechos de mil persianas y sueña con su historia, con el villorrio medieval, con el asentamiento neolítico, quizá hasta recuerda el primer madrileño despistado que llegó a una colina boscosa al pie de un arroyo y decidió que aquel era un buen sitio para vivir, si le dejaban los osos.

Madrid en agosto no está, es más una masa de extrañas esculturas con ventanas, una apilación absurda de construcciones poliédricas, una marea de calles y semáforos, una viruela de árboles polvorientos que una ciudad. Los nombres -ciudad, calles, madrid, capital- huyen en una desbandada semántica que arrasa allá por dónde pasa.

Madrid, en agosto, deja de ser ciudad y se convierte en objeto, en laberinto cruel de cemento, asfalto y sol; un desierto donde hasta los oasis cierran por vacaciones.

Friday, July 28, 2006

Vacaciones, por fin

No todo va a ser malo este julio de calores, demolición acelerada de Madrid, atascos y bombardeos: comienzan mis vacaciones. Sé que esta alegría, la anticipación del solaz veraniego, la pagaré después con la minidepresión al regreso. Al cabo de los años casi me creo aquello de los budistas, cuanto más te ilusiones con algo, más deberás pagar por el desequilibrio cuando la rueda gire y te traiga el reverso de la moneda. Casi parece más apetecible la austeridad emocional para lo bueno y, como consecuencia, también para lo malo. Sin exagerar, claro; lo bueno de estas cosas espirituales, si tienen algo bueno, es tomárselas con calma, que tampoco pretendo ponerme a flotar mientras recito un mantra y mi espíritu se hace uno con el cosmos, que tal y como está, lleno de inidentificable materia oscura (como mi casa últimamente, a ver si en vacaciones limpio un poco), es como para pensárselo.

Como a algún sitio fuera de esta ciudad en colapso hay que ir, mi chica y yo emigramos al mar, nos vamos unos días a Lanzarote, isla desértica, asolada, volcánica, telúrica, playera, pequeña, lejana y no sé cuántas cosas más que ya averiguaré por el camino. Y esta vez no pico, me llevo las gafas de bucear, a ver si veo bichos subacuáticos en vez de torrarme al sol, y el portátil, a ver si al lejano abandono de aquella isla siempre veraniega, se vienen conmigo de vacaciones la puñeteras musas.

Actualización: una vez más he caído en la malévola estrategia de las agencias de viaje, esta vez via web (atrapalo.com), y sus maravillosas ofertas inexistentes. Sí, ya saben, aquello de: "uy, pues se nos acaban de terminar las plazas, pero tenemos el mismo viaje, en las mismas fechas, al mismo hotel, al doble de precio. Si le interesa, reserve ya, que se acaban". Me quedo en casa, cabreado, pero al menos no pienso darles un duro.

Como decía antes, para qué alegrarse, si luego te toca volver a la chunga realidad.

Thursday, July 27, 2006

La guerra de Gila, pero en triste


¿Está el enemigo? Que se ponga. Así comienza el monólogo de Gila que todos conocemos. Ayer el ejército israelí y la ONU protagonizaron una versión de ese trágico número de variedades que quizá tan solo haya reído una que siempre se ríe y enseña los dientes, más que nada porque no tiene carne encima que taparlos. Me la imagino descojonándonse, la guadaña por el suelo, la mortaja toda alborotada.

Dicen los periódicos que [un informe preliminar asegura que el organismo advirtió hasta diez veces en seis horas al mando militar israelí del peligro que corrían sus observadores ante el intenso bombardeo al que estaba siendo sometida la zona en la que se encontraban. La base de la Fuerza Interina de la ONU para el Líbano (FINUL) estaba perfectamente identificada. Aun así, un misil de precisión se la llevó por delante].

Siendo irónicos se podrían decir varias cosas:

Primero, que sí, que estaba perfectamente identificada la zona, tanto que el misil de precisión hizo gala de su ingeniería y acertó de pleno.

Segundo, que quizá los observadores de la ONU hayan sido víctimas de los terribles sistemas de centralitas automáticas "...Pulse usted 2 si quiere idenficar un bombardeo erróneo. Pulse 3 si quiere comunicar el número de bajas civiles, espere para que le atienda un operador..."

Tercero, si Israel ataca a la ONU, ¿no nos está atacando a todos los países miembros, entre ellos a sí mismo o es que como tiene costumbre de pasarse por el forro todas las resoluciones del organismo internacional, y no le basta, ahora prefiere cargarse a sus miembros?

Por supuesto EEUU, como siempre, le disculpará a Israel cualquier barbaridad en una carta blanca que avergüenza a la historia; y a las críticas ante semejantes burradas se contestará con el manido y multiuso "ustedes son antisemitas y no recuerdan el holocausto".

Lo que es gracioso en un escenario no lo es, en absoluto, en la vida real. Con la cohorte de payasos que dominan el mundo, solo podemos asistir a la representación del circo de la desesperación y el horror.

Thursday, July 20, 2006

Julio en Madrid


Julio en Madrid no es un mes, es una apisonadora. Hace un calor aplastante y las autoridades colaboran por hacer más imposible la vida al ciudadano reduciendo el tamaño y la frecuencia de paso de los metros, convirtiendo los vagones en incineradoras sin aire acondicionado e iniciando la infame operación asfalto (a añadir a las demás gallardonadas que sufrimos día a día).

A todo lo anterior se ha unido el explosivo reventón del modelo energético que se ha llevado por delante cuatro subestaciones del barrio de centro y Moncloa. El lunes no había ordenadores en el curro, el martes había, pero era un engaño, se iba la luz cada media hora, con murphiana precisión revienta-trabajos-no-salvados. Parece que hoy la cosa está ya arreglada.

Pero no solo me quejo, también reflexiono y me pregunto ¿y esos billones con "b" de pelas que se le dieron a las eléctricas por compensarlas -aún no sé por qué- por la privatización, dónde se han ido? Parece que en subestaciones no. Estaba yo acordándome de las barbas del vecino, lejano por suerte, estadounidense. Allí son norma los follones de suministro eléctrico, en California sobre todo, tras la furiosa privatización del sector de la energía. Supuestamente, la cacicada neoliberal iba a redundar en una mejora de instalaciones y suministros en función de la competencia, bla, bla, etc. etc. Enron se lo ha llevado todo por delante.

Aquí, pues el mismo camino llevamos. Y es que, aun asumiendo -que estaría por ver-, los beneficios de la competencia, entre monopolio y oligopolio la diferencia es mínima y es a la contra del usuario. Yo casi que me apunto a un monopolio estatal, aunque me llamen estalinista, al menos habrá luz para poder escribir estas cosas en mi ordenata. Quizá la rentabilidad no sería buena, quizá hasta tendríamos el mismo problema de suministro, pero lo dudo, el estado está siempre pronto a gastar pasta en infraestructuras, ya que eso deja siempre jugosas comisiones (sí, hoy lo veo todo un poco negro).

Hay más vecinos con barbas peladas, los trenes ingleses, sin ir más lejos, privatizados y, al parecer, un desastre.

Y eso no es lo peor. Llevan tiempo diciendo que el agua está muy barata, que es un bien escaso, que las compañías públicas de gestión de las aguas bebibles no funcionan. De aquí a unos años pagaremos diez veces lo que ahora, tendremos agua e instalaciones peores y habrá unos cuantos billonarios con "b" más, y todo por hacer una mejor gestión, más ecológica, de un bien escaso que de ser de todos, pasará a ser solo de unos pocos de la noche a la mañana.

Y es que en la membrana que divide a las personas decentes, numerosas y aborregadas y las indecentes, escasas, malintencionadas y bien organizadas, la presión osmótica lleva cada vez más rápidamente, el dinero, los bienes y los recursos de los primeros a los segundos.

A ver si es verdad que llega el mito ese y se acaba la "civilización occidental tal y como la conocemos" de una vez.

Thursday, July 13, 2006

Borrosus y paisanus entre la niebla



Al fin, tras un par de días de vorágine -he estado dando apoyo a Nati en sus duros días de exámenes para la oposición de secundaria-, llega la calma y puedo escribir sobre el retorno de Gijón, que ya me apetecía.

En primer lugar constatar la ciudad de nuevo: partida por cimadevilla, un puerto a un lado, una playa y paseo marítimo al otro. Rancio sabor a mar Atlántico, fachadas, sobre las que, aún en el seco -para sus estándares- verano, se adivinan musgos y churretes herederos de sal y humedad. Huele a mar. Y hay gaviotas. Me encantan las ciudades con mar y uno de esos inasibles aspectos que solo se recuerdan a la vuelta, en la memoria revivida del retorno, son los gritos de esos blancos pájaros de alas en uve, su voz chirriante, lejana, nostálgica, volando sobre los tejados, escuchados desde la cama del hotel a modo de despertador.

Gijón es eso, y es el clima fresco del norte, que en invierno será opresivo y frío, pero que en verano deviene en paraíso para alguien que, como yo, cada vez soporta peor el calor en la dura estepa. Y es también una ciudad donde se vive a un ritmo decente. No he sido consciente de lo desabrida que se ha vuelto mi ciudad hasta que he constatado que allí la gente no se agrede una a otra con los coches, que la hostelería, que aquí siempre había sido proverbialemente eficaz y agradable, ahora se ha vuelto como la ciudad, agresiva, poco amable: date prisa y termina que ocupas el sitio de otro cliente que está ya esperando; 2 euros y medio el café (malo), y si te quejas no vengas que tengo clientes de sobra.

Nos ha pasado en la capital lo que a la langosta que si se la mete en la olla en agua fría y esta se calienta despacio hasta la ebullición, ni se entera ni protesta hasta que muere. En Madrid hervimos y no nos hemos dado cuenta.

Es lo bueno y lo malo de viajar, que en el regreso, como decía aquel, está el auténtico viaje.

Establecido el escenario, vayamos a la primera parte: la Asturcon. Me apunté a última hora. Menos mal que los chicos de Gijón, inteligentemente, habían guardado algunas plazas para los despistados incurables como yo. Hablar de la Asturcon es hablar de los que la organizan, el colectivo Avalón, gente que habita ese Gijón que he descrito antes y que también se han hecho un huequecito en el corazón de los que hemos ido hasta allí alguna vez. Como siempre, nos recibieron estupendamente, organizando y controlando los actos de Asturcon, entre ellos el colofón de la espicha de disfraces. Gracias a todos ellos.

Este año, a la nómina de asturianos cienciaficcioneros maravillosos, tengo que añadir a uno nuevo, Chus Parrado. Las palabras se quedan cortas para intentar remedar la experiencia directa de conocerlo. Apocalíptico es poco. A Chus habría que dedicarle un artículo completo, no renuncio a ello.

Hablando de gente, con la excusa de la Asturcon y la Semana Negra, se acercaron por allí una larga lista de amigos que viven en otras ciudades, que se leen a diario en foros, blogs y demás, a los que apetece poner una cara, una sonrisa; identificar anímicamente. Y es que la palabra está muy bien, pero no solo se agota ahí la comunicación, se echa de menos darse abrazos, codazos, achuchones, mirarse a la cara, ver el cabreo hablando de algo que no te gusta, o los ojos relucir al describir una pasión. Eso, por desgracia, aún no lo tenemos en internet.

Sigo, que me pierdo: La Semana Negra, la otra parte del viaje y de los días pasados allí. Ya he estado un par de veces en la SN. Ésta ha sido la tercera. No hay análisis que valga, aquello no se parece a nada que exista bajo el sol cultural de España y Europa. No sé si en otros continentes se dará algo así. Lo más parecido y definitorio que se me ocurre es el impreciso calificativo de fiesta de la cultura. En ese ambiente lúdico, se confunden horas, mesas redondas, conferencias, conversaciones de bar, de restaurante, de paseo; se trata siempre de charlar, cambiar impresiones, hablar mientras se bebe o se come, con gente que comparte parecida visión de la vida, un interés profundo por la cultura, la comunicación, los libros, pero no solo los libros.

Al final la impresión es de una cinta continua de conversaciones, lúcidas las más de las veces, socarranos y divertidas otras, tristes las menos; un ponerse al día de las impresiones de los demás y de las propias por comparación; un constante intercambio de información que va desde la mesa redonda sobre la guerra civil y la ucronía, las presentaciones de libros, las conversaciones de sobremesa, las de las copas en las terrazas nocturnas... Solo se detiene la cinta continua de palabras para dormir, y eso poco. A veces tengo la impresión de que los que vamos a la SN nos pasamos el resto del año en silencio, madurando cosas, escribiendo, como mucho leyendo y escribiendo un poco en internet; que nos convertimos en una especie de marmotas hibernantes culturales, que solo despiertan en verano para asistir a eventos como la Asturcon, La Semana Negra o la Hispacon, en una explosión de cháchara constante y adictiva.

Pero todo termina. Al final hay que regresar a la vida común, al hablar poco, a descansar de esa especie de feliz orgía comunicativa y a ponerse a la tecla a ver si termino la novela que me trae de cabeza estos días.

Tan solo una valoración final: ¿cuánto queda para la siguiente?