Tuesday, June 06, 2006

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El inicio de la canción B.S.O. De La Penícula Eusebio El Prínsipe De Las Tinieblas, de los Mojinos Escozios, dice así:

Dios dijo: hágase la luz, y la luz se hiso sin más
explicasiones,
pero yo, que soy el demonio, hise el interruptó
y la luz la ensiendo y la apago
cada vez que me sale de los cojones

A mí me parece un perfecto homenaje, en el día de la bestia, a ese señor de cuernos, supuestamente con mucha mala leche, pero que, en el fondo, a todos los que somos rebeldes en mayor o menor grado, nos resulta tremendamente simpático. Desde el paraíso perdido de Milton, el demonio es el adalid de los derrotados. Es muy malo, tortura almas, se rebeló (y perdió). Dada su leyenda negra, está claro que la historia la escriben los ganadores. Habría que acudir a las fuentes y preguntarle directamente qué es lo que sucedió en aquellos tiempos remotos.

Si Dios, como padre, es un arquetipo como la copa de un pino, el demonio no le deja atrás representando al hijo díscolo, rebelde, que cuestiona el poder del gran macho alfa de la manada. Dios ganó e impuso sus condiciones absolutistas, sí, pero el demonio se quedó por allí, subterráneamente encargado del trabajo sucio, supuestamente por que ÉL lo quiso así (eso siempre me ha parecido una pobre excusa), para incordiar, pinchar y tentar a la pobre humanidad. Nunca podrá vencerlo, pero jode que no veas.
Imágenes diferentes del demonio hay mil. Desde las más antiguas, las de los antiguos hebreos pre-talmud, en que se distinguen varios jefes del infierno (Satán o Samael, fiscal de la humanidad, Belcebú, etc. ) , pasando por la imagen medieval -donde escarnó todo lo oscuro, lo sensual, lo corpóreo frente a la espiritualidad apabullante de la mística cristiana- pasando por Milton y Alighieri, en los inicios del Renacimiento -precisamente ahí aparece el concepto de Lucifer, el portador de la luz, el que lleva el conocimiento al hombre, Prometeo vamos, y es castigado por ello, el triunfo de la razón frente a la irracionalidad ciega de la fe religiosa- y llegando a las más modernas, claramente ya independizadas de las creencias religiosas y entrando de lleno en la mitología más creativa y descreída.

Recuerdo, así a vuelapluma y con cariño, al demonio melómano y harto de hacer de malo de Gaiman en Estación de tinieblas, el inquietante Lu-shaffear de El corazón del ángel y el psicológicamente terrorífico príncipe de las tinieblas que encarna el luego aclamado Viggo Mortesen en "Ángeles y demonios". Y sin olvidar el melancólico demonio de Las brujas de Eastwick, superado en maldad por unas marujas provincianas, cosa que no me parece nada raro.

Hoy es el día de la bestia. A falta de conocer la fecha de su cumpleaños, valga esta ocasión para decirle ¡Felicidades, príncipe de las tinieblas!


5 comments:

Javier Esteban Gayo said...

Simepre me hizo gracia que la traducción (más o menos) literal de “Simpathy for the devil” sea más bien “solidaridad” con el pobre tipo.
Les cogemos cariño a los perdedores :)

Edu said...

Normal, todos somos perdedores aunque solo sea por que nos tenemos que morir algun día.

Javier Esteban Gayo said...

Errr... vale, ahora ya no podré escuchar esa canción sin deprimirme.

Pily B. said...

Ey, que te olvidaste del demonio de South Park, eeeeeese sí que sabe. XDDDDDDDDDD

Edu said...

Coñe, es cierto, el demonio de South Park, con esa pareja tan chunga que tiene el pobre.