Thursday, June 01, 2006

Personajes: Harry Tuttle


Me ha parecido buena idea crear una serie de artículos a modo de homenaje a aquellos personajes de ficción que considero imprescindibles, gente que, irreal y todo, tienen en su mirada el poderío del arquetipo, de la empatía, el viso último de la realidad palpable, por muy alucinada que sea esta.

Comienzo la serie por alguien que está ya en mi pequeño olimpo de seres entrañables: Harry Tuttle, el fontanero anarquista que protagoniza Robert de Niro en la película Brazil, guión y dirección del monty python Terry Gillian.

De delirante es calificado a menudo Gillian. Delirante sí, pero no por ello menos certero. Como muchos otros han demostrado ya, las miradas más sesgadas, torcidas y retorcidas, son a veces los mejores atajos para la expresión. La ciencia ficción no es, en último término, más que una visión extrema de la realidad pasada por el tamiz de la extrapolación libre hacia el futuro del mundo real, el único que al final, queramos o no, cuenta. Delirante es su película, Brazil, una pesadilla distópica y burocrática emparentada con 1984. Fabula Gillian una Inglaterra ucrónica con una originalísima iconografía. La forma más fácil de describirla es decir que parece poseer la estética del futuro imaginado en los años 20, allá por la época de Marinetti y su modernismo. En esa sociedad el individuo no cuenta, solo el estado y su violencia organizada, donde no hay nada más importante que la guerra contra el terrorismo y la disidencia.

En esa sociedad burocrática todo se mueve a golpe de normas, los secuestros políticos necesitan su orden de ejecución, y a la familia del secuestrado (cliente, en términos oficiales) se le entrega un recibí (el funcionario le dice a la mujer del secuestrado en una escena de la película: This is your receipt for your husband... and this is my receipt for your receipt. Aquí tiene el recibo por su marido... y este es mi recibo por su recibo.) antes de llevarlo ante un funcionario que se encarga de torturarlo aunque no haga falta y luego le cobra por sus servicios.

Pero ya sabemos que el exceso de burocracia y la mala gestión tienen sus problemas, no todos los países consiguen hacer funcionar una maquinaria tal. El descontrol, el conflicto de normas, la desorganización cunden entre los entresijos del estado. Cuando, tras hacer un agujero en el techo para dejar entrar a las tropas que secuestran al ciudadano de la escena comentada anteriormente, los obreros quieren poner una tapadera para cerrarlo y esta, más pequeña que el agujero, se cuela y se estrella contra el piso, el obrero del departamento de obras exclama: Bloody typical, they've gone back to metric without telling us (Típico, han vuelto al sistema métrico sin avisarnos).

En ese mundo, el protagonista se ve envuelto en una espiral de despropósitos burocráticos cada vez más graves. El protagonista de la historia sufre una avería en su casa y no consigue avisar a los fontaneros estatales. El sistema de tuberías que cruzan las casas son parte del eficiente sistema que no se sabe para qué sirve pero que fagocita los hogares de todo el mundo. Hasta se anuncian en televisión modelos embellecidos de tuberías. En ese momento aparece el héroe de nuestra historia, Harry Tuttle, el fontanero anarquista, que llega vestido de comando y se cuela en el piso del protagonista.

Harry Tuttle: Bloody paperwork. Huh!
Sam Lowry: I suppose one has to expect a certain amount.
Harry Tuttle: Why? I came into this game for the action, the excitement. Go anywhere, travel light, get in, get out, wherever there's trouble, a man alone. Now they got the whole country sectioned off, you can't make a move without a form.

Harry Tuttle: Maldito papeleo, ¡eh!
Sam Lowry: Supongo que hay que esperar cierta cantidad, sí.
Harry Tuttle: ¿Por qué? Yo estoy en esto por la acción, la adrenalina. Ve a cualquier sitio, viaja ligero, entra, sal dondequiera que haya un problema, un hombre solo. Ahora tienen al país compartimentado, no puedes ni moverte sin rellenar un formulario.

Harry le arregla el complejísimo e ineficiente sistema de tuberías de su casa por medio de una pequeña pieza ilegal, un truco técnico en el más puro estilo hacker. Harry Tuttle es un romántico, un activista político que en vez de hacer octavillas y teorías, arregla tuberías y ahí está lo mágico del personaje, incluso lo profético. Harry es el primer defensor fílmico del GPL, de la anarquía del freeware, del Do It Yourself, de la ingeniería inversa, de los hackers y crackers. Hoy en día, la oposición al sistema, la auténtica lucha está en esos terroristas de la información, de la ingeniería, aquellos que se saltan el sistema y, por ejemplo, se comunican en internet para detectar protestas y pillar en falta a los poderosos fabricantes de coches, motos, electrodomésticos y software. Y ese ataque hace verdadera pupa, si no, que le pregunten a Microsoft, HP y demás por Linux.

En el concepto de avance o retroceso del mundo, una de las cosas que está desapareciendo rápidamente es el usuario despreocupado, el cliente que paga y obtiene un producto y listo. La publicidad y el márketing tienen tal potencia, alimentados por un neocapitalismo salvaje, que fagocitan cualquier otro aspecto de la producción. La ingeniería, las pruebas cuidadosas, la evolución de un producto, la fabricación con altas cotas de calidad son cosas del pasado, lo importante es una buena campaña mediática. Si no, miren dónde están los grandes sueldos, el prestigio empresarial, desde luego no en el departamento de ingeniería. Harry Tuttle luchaba contra un macroestado, los modernos Harry Tuttles luchan contra un microestado y unas macroempresas, pero es lo mismo, es una batalla ideológica llevada a un campo práctico, con resultados tangibles e inmediatos.

Pero, ¡que no desespere nadie! si tu windows no funciona, si tu coche no arranca, si tu batidora no bate o tu conexión de internet no va, siempre habrá un Harry Tuttle acechando en internet para echarte una mano amiga fuera del sistema.

4 comments:

Javier Esteban Gayo said...

¿Y la escena de su desparición? La que más se me quedó grabado en la retina cuando la vi (junto a uno de los finales más espeluznantes que recuerdo en la historia del Cine...)

Edu said...

El final es duro de narices. Desde entonces no he vuelto a oir la canción "Brasil" de la misma manera.

Pily B. said...

Harry Tuttle mooola, y tu idea de escribir sobre personajes "guays" también. Espero ansiosa el siguiente, a ver quién es. ;-)

Edu said...

Bueno, ya se me ocurrirá alguno... lo más friki posible. ;)