Thursday, June 22, 2006

Manías

Hace poco escribí una reseña crítica de la estupenda novela Jonathan Strange y el Sr. Norrell, de Susanna Clarke. Investigando un poco acerca de la vida de la autora descubrí una cosa muy interesante: decía que los días de mucho sol, deslumbrantes días de primavera y verano, le era mucho más díficil ponerse a la tecla. Incluso recurría al truco de bajar las persianas y poner un cd con sonido de lluvia. En una entrevista televisiva, Somoza confesaba su fijación por las gomas de borrar milan en pequeñas torres -menos de seis, más de dos- que permanecían en su campo visual mientras escribía una nueva novela. Las gomas perdían su efectividad, se descargaban tras un uso indeterminado, y el autor debía comprar otras nuevas.

Investigando en la red sobre el tema de las manías de los escritores me he quedado pasmado: Borges se metía en la bañera por la mañana y meditaba sobre si lo que había soñado valdría para un poema o relato; Carlos Fuentes siente cómo lo posee el alma de su difunto hijo a la hora de escribir; Cortázar escribió Rayuela totalmente poseído por sus personajes, perdida la noción del espacio y el tiempo; Isabel Allende inicia siempre sus novelas el 8 de Enero; García Márquez necesita una flor amarilla encima de la mesa; Vargas LLosa se rodea de figuras de hipopótamos; Saramago solo escribe dos folios por día, y ni una línea más (ni menos, aseguro yo). Todas esas historias y muchas más se recogen en un curioso libro que quizá, si lo encuentro, me compre, llamado Cuando llegan las musas .

Después de ese despliegue de manías geniales, yo me declaro un maniático de perfil modesto: bajo las persianas, prefiero la noche, odio hasta el cabreo irracional que me interrumpan en mitad de un párrafo, me pongo música -siempre instrumental y acorde con el tono del relato en el que esté enfrascado, igual que Somoza que hasta pone ejemplos en su página web-, con chuches para aumentar el rendimiento, y si hay Mc Allan 12 years cerca pues, ¡mucho mejor! (atención, esta es una "velada" alusión para familiares y amigos, mi cumpleaños es el día 7, la última botella de Mc Allan me la cepillé hará un año o así).

¿Manías incoherentes? Sí, pero ande yo caliente... como decía aquel. Elaboraba César Mallorquí en un interesantísimo post sobre los sueños, una teoría de la creatividad que imagino no muy lejana de la realidad: el trabajo no consciente de una parte del cerebro es relacionar a toda velocidad muchos conceptos. Hay un censor cerebral que examina dichas estructuras y determina si pasan el filtro, si son útiles y merecen llegar a la consciencia. ¿Cómo funciona el filtro? Normalmente el embudo es muy estrecho, actúa aprendizaje, experiencia, sentido común, también prejuicio y rigidez. De ahí la necesaria "apertura de criterios" que se necesita para relajar el filtro de lo posible, de las ideas que aún alocadas funcionan precisamente porque cortociruitan ese consciente (dicen los neuropsicólogos que localizado en el lóbulo prefrontal) y permiten el progreso de ideas, argumentos, personajes o escenarios fascinantes, que por su propia naturaleza no convencional sirven al propósito de comunicar mejor que otras estructuras más convencionales.

Supongo que con las manías se trata de educar a ese lóbulo del sentido común, tan útil para hacer la compra y tan estorbo para una creación artística, de modo que ante determinados estímulos, sienta que está en ese especial momento del día en que debe relajarse y funcionar de otra manera.

Tan claro que un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan a un niño de cinco años!, que diría Groucho.

5 comments:

Juanmi said...

Tengo que terminarme esa novela, aunque sólo sea por la pasta que me costó. Lo he intentado seis veces y al final me he rendido ante el regustillo de anglosajón rancio y racista que desprende cada una de sus páginas. Pero lo volveré a intentar, no se puede jusgar un libro hasta que no llegas al final. Y si todo el mundo la pone tan bien, algo tendrá, digo yo.

Javier Esteban Gayo said...

Yo me la leí de un tirón, así que se puede decir que me gustó bastante, pero tampoco la vi tan maravillos como la pintaban. Un buen pastiche decimonónico con mitología feérica (para mí que si te has leído cosas como la Comunidad Secreta de Kirk se disfruta más.)

Edu, lo del whisky y las chuches tengo que probarlo, a ver si me sale algo decente. Si a ti y a Faulkner os funciona...

Edu said...

Juanmi: yo creo que ese es parte del atractivo de la novela, mimetiza casi perfectamente los novelones decimonónicos, pero no te dejes engañar, hay mucho más y a partir de la mitad de la novela, las cosas se ponen muy interesantes. Y no te pierdas las notas a pie de página.

Javier: Comunidad secreta... mmm tengo que leer esa novela.
En cuanto a lo del whisky, bueno, que me funcione a mi, está por ver... :)

Javier Esteban Gayo said...

No es una novela, es un tratado sobre las hadas del siglo XVII. Mucho del retrato que hace Clark sobre el mundo de los duendes y tal parece calcadito de ahí.

Lo escribió un ministro de la iglesia escocesa, así que tiene puntos bastante graciosos (sobre todo cuando empieza a reivindicar la necesidad de predicar el cristianismo entre la "Otra Gente") y a los magufos les encanta :)

Pily B. said...

Joer, este post es la cañaaaaaaaaaaa. Qué cosas nos cuentas, oye. ;-)