Wednesday, May 31, 2006

Lo friki: vaga, inconcreta, irracional e injusta envidia


Tras la jornada del día del orgullo friki, se impone la reflexión, casi más importante que la jornada en sí misma. Si fuera más serio, más académico, eso sería lo que haría, construir un artículo sesudo, con tesis y bibliografía, un lujo. Algún día puede que hasta me proponga aprender a hacer cosas tales. De momento prefiero divagar un rato y ver si cazo algunas ideas que me rondan la cabeza como molestos moscardones mentales.
Entre toda la información que he leído estos días al respecto, me hizo mucha gracia descubrir que una de las primeras veces que se uso el término, fue para referirse a la asociaciones de espectadores que se reunían para comentar dos películas que fueron de mucho impacto: Freak Show y Frankestein. O sea que la acepción moderna de un fenómeno que venía dándose toda la vida bajo otros nombres tales como clubs, asociaciones amateurs, sociedades científicas, geográficas, etc., nació con el advenimiento de modernos modos de entretenimiento. Los que antes eran, como mucho excéntricos, locos apasionados buscadores de mariposas, de setas, interesados en la ciencia, en la geografía o en el arte, adquirían así una nueva denominación, freakies, monstruitos.
Dicen que el arte y la ciencia nacen del ocio. Si se tiene que trabajar de sol a sol poco tiempo queda para elucubrar o para componer poemas. Antes, los ociosos eran los nobles, los burgueses. Con el correr de los tiempos y los logros sociales, la gente común también tuvo acceso al ocio, no mucho, pero algún tiempo quedaba para gastarlo en entretenerse. Nace entonces el friki. Y ¿quién es este elemento social nuevo? Ahora comienzan las especulaciones. El friki no es un excéntrico, que al fin y al cabo es una cosa con clase, de ricos o incluso aristócratas; no, el friki es un tonto del XXX (sustitúyase XXX por la afición concreta que se quiera). Traducción: el friki es un pobre hombre, perteneciente a la clase trabajadora o asimilados, que en vez de trabajar y empeñar esfuerzos en progresar, en dejarse el lomo para que el sistema consumista le premie con un mejor coche o una mejor casa, alguien que en vez de contentarse con el ocio prefabricado y a pequeñas dosis, se dedica con alevosía y premeditación, a poner todo su interés, su inteligencia, sus ilusiones y esfuerzos en OTRA COSA.
Ahora, creo yo, es fácil entender la sociología friki. Por un lado, para él mismo, el frikismo es un refugio de una sociedad que no le gusta, opresiva, montada para que los más sociópatas, los depredadores sociales, se beneficien a manos llenas. Es su solaz, su refugio, su mundo inventado, diferente y por ello -ya solo por ello, mejor-, el friki, como era antes el excéntrico en gran medida, no se rige por los mismos valores que los demás, y eso molesta, extraña, jode, vamos.
Y por el otro lado, en la otra parte de la ecuación, están los no-frikis. Cuando me traslado en moto y, de repente la autopista, la carretera, la calle se atasca (cosa prácticamente segura en Madrid a según que horas) siempre tengo la opción de avanzar esquivando latas (Latas en terminología motera). Si bien no se va tan rápido que sin atasco, sí se avanza a buen ritmo. Las latas, más bien sus conductores (los enlataos, para entendernos) reaccionan de varias maneras bien distintas. Los más te dejan pasar con indiferencia. Algunos, gente maja, se apartan para que pases (muchas gracias a todos ellos). Algunos otros, pocos, te cierran. Sí, como lo oyen, giran el volante y te impiden el paso. Vamos que, pensarán, si yo me fastidio, que se fastidien todos.
Algo así sienten muchos respecto a los frikis. Si yo cedo a las presiones para ser un consumista convulsivo, para seguir la senda social correcta -y eso incluye muchas cosas: casarse y tener niños cuando toca y no cuando apetece, dejar las aficiones absorbentes por un trabajo normalmente asqueroso pero igualmente absorbente, no hacer cosas fuera de la norma, etc.- ¿por qué otros no lo hacen? ¿qué pasa, es que ellos tienen bula, conocen el secreto de la felicidad, son más listos? No, no, y mil veces no. Yo tengo razón y esos que se disfrazan y parecen pasárselo tan bien, esos que juegan a rol, que manejan ordenadores o, incluso, leen y escriben libros de cubiertas peculiares, son gente rara, estúpidos, no ligan, son feos, se gastan fortunas en tonterías (cualquiera que se haya comprado un coche o similar no tiene derecho a decir eso de nada). En definitiva son frikis.
Vaga, inconcreta, irracional e injusta envidia.

4 comments:

J.Fidel said...

Lo distinto a uno mismo, lo diferente que hay en los demás da miedo. Ante ello se pueden tener dos posturas: intentar entenderlo y respetarlo, o descalificarlo e incluso ir en su contra. Tristemente hay una facción de esta sociedad que siempre toma la seguna via, ya que la pluraridad de ideas, pasiones y sentimientos les aterra, porque pone de manifiesto lo vacío y superficial de sus vidas.

Javier Esteban Gayo said...

Una de las cosas que me gusta de esto de los días del Orgullo es la manera de coger todos los topicazos, imágenes distorsionadas y burlas de los "bienpensantes" y reírse de ellos. Además en su cara. Una forma tan buena como otra cualquiera de demostrarles que no son quién para decirnos qué tenemos que pensar o cómo tenemos que ser. Estaría bueno...

Edu said...

Al final, estamos hablando siempre de lo mismo, dinámica de grupos sociales, integración y exclusión, o como decía Eco los apocalípticos y los integrados. Yo apocalíptico de todas todas... :)

Pily B. said...

Amén, Edu, amén.